Abr 26

¿Qué caracteriza a los abogados especialistas en Derecho Administrativo?

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Ya hemos comentado en otras ocasiones, que el Derecho Administrativo, resulta ser una disciplina muy técnica y cambiante, que hace que existan pocos operadores jurídicos que quieran dedicarse a su estudio, desarrollo interpretación y defensa.

Dicha circunstancia hace, que aquellos abogados volcados exclusivamente en el Derecho Administrativo, en la mayoría de las ocasiones, compartan una misma filosofía profesional o, al menos, parecida forma de actuar.

Habiendo analizado varios perfiles profesionales, llego al convencimiento que todos ellos participan con fidelidad de los siguientes principios:

1º.-Particulamente estudiosos. Siendo conscientes de la tecnicidad de la materia y del ingente cambio normativo, dedican muchas horas al estudio y análisis del caso concreto. Se pasan horas y horas analizando un expediente administrativo o la última jurisprudencia en la materia.

Hay que encontrar la “fisura”, por microscópica que pudiera parecer, que nos permita obtener éxito en el asunto encomendado.

Asimismo, por muchos años de práctica profesional que tengamos, siempre existirá una materia o cuestión dentro del Derecho Administrativo, que debamos de estudiar en profundidad, sin ser capaces de ofrecer una respuesta inmediata.

2º.-Muy formalistas. Sabedores de que más que en el fondo, en las formas está la victoria, se apuesta mucho porque el procedimiento en cuestión haya seguido y respetado escrupulosamente los cauces y trámites estipulados en la normativa en cuestión.

3º.-Buenos redactores. Tantos los procedimientos administrativos como contenciosos-administrativos, son eminentemente escritos, lo que hace que la buena redacción sea una habilidad que se termina desarrollando en esta disciplina.

4º.-Reacios a la oralidad en el trámite de vista. El hecho de que los procedimientos en esta materia sean eminentemente escritos, hace que el acto de vista, a salvo de que se practiquen testificales de interés, se convierta en un trámite de poca importancia y donde los administrativistas no terminan de sentirse del todo cómodos.

Se les identifica más como “abogados de despacho” que como “abogados de sala”.

5º.-Poco improvisadores y muy meditadores. La poca asistencia a Sala, hace que se caractericen, por regla general, por no ser especialmente ágiles a la hora de improvisar.

Sin embargo, por el contrario, prefieren meditar sobre todos y cada uno de los extremos del expediente. Es aquí, en este periodo de reflexión, donde encontramos los puntos más fuertes en los que sustentar la defensa en cuestión.

6º.-Breves y concretos en las exposiciones. Lo complicado y técnico hay que hacerlo comprensible y tangible. Entender primero donde se halla el verdadero problema o cognición (que no es tarea fácil) para a continuación concretarlo y ofrecer una respuesta jurídica clara y certera.

Todo lo que no sea “centrar el tiro”, supone dispersarse, en perjuicio de la defensa que estemos realizando.

7º.-Deben de comulgar con la humildad. En una disciplina tan sumamente compleja y cambiante, no hay otra opción que acogerse a la humildad.

Imposible resulta, tener conocimiento de todas las materias que configuran esta disciplina. Como hemos analizado ut supra, siempre existirán cuestiones que no se dominen y que, por tanto, tengan que ser estudiadas en profundidad.

Ello hace que sea frecuente que no puedan ofrecerse respuestas certeras e inmediatas tan pronto sean cuestionadas.

La famosa cita de Sócrates: “sólo se que no se nada”, es una reflexión que inevitablemente y en no pocas ocasiones, es planteada por los propios profesionales dedicados al Derecho Administrativo.

8º.-Alta capacidad de ingenio. La habilidad de innovar o de ofrecer una solución jurídica es vital en esta disciplina. En muchas ocasiones, ofreceremos una defensa creada “ex novo”, ajustada al caso concreto y sin posibilidad de tener la más mínima referencia jurisprudencial o científica.

Y es que, cierto resulta, que es usual, que la linde entre el éxito o el fracaso con respecto a nuestras pretensiones, venga determinada por la capacidad de innovación jurídica que podamos ofrecer.